EL BIÓLOGO: MI PROFE Y AMANTE A
LA VEZ
Desde que ingresé a la universidad
mi profesor de biología se mostraba
muy insoportable,
era serio y frío conmigo. Lo curioso
es que pese a su comportamiento hostil
era bastante jóven, bordeaba los
33 años, él me gustaba muchísimo.
Me gustaba y aún me gusta mucho,
pues es blanco, atractivo, cabello corto,
me encanta el trasero grandote que se
maneja; y ese porte atlético de
1,80 m que sale a relucir cuando lo veo
con short y polo en las tardes cuando
va a jugar básquet o fútbol.
Yo blanco, cabello negro, cara de bebe,
pero muy apasionado, tengo apenas 22 años.
Un
día - antes de iniciar la clase-
estábamos hablando mis compañeros
y yo con el biólogo sobre temas
no relacionados con las labores académicas
y al terminar el diálogo, él
me dijo: "Ve a tu carpeta, que ya
es hora de clase" mientras me daba
un par de palmadas suaves en el muslo
izquierdo. Noté algo fuera de lo
común en su mirada que me dejó
pensando casi toda la clase. En plena
clase, el biólogo salió
con destino a la oficina administrativa
y yo aproveché para ir a orinar.
Grata fue mi sorpresa al encontrarlo en
el baño. Me ubiqué en el
urinario de al lado para chinear su pene.
El se dio cuenta que lo miraba de reojo
y me preguntó con cierto tono de
risa: "¿qué miras?"
Yo únicamente le respondí
que nada. Entonces, como estábamos
solos en momento, se acercó y me
pidió que se lo sobara. Inmediatamente
me excité al ver que su verga iba
aumentando de tamaño y grosor cada
segundo que pasaba. Lástima que
se oyeron unos pasos que se aproximaban.
Es así que quedamos en vernos en
la tarde en un hostal, al terminar su
clase. Al termino de clases me dirigí
cuanto antes a mi casa y luego de almorzar
me metí a la ducha, casi una hora,
para lavarme muy bien todo el cuerpo y
estar impecable para
esa tarde que seguro sería inolvidable.
Y no me equivoqué.
Acudí
puntual a dicho hostal y comprobé
que el biólogo aguardaba mi llegada
en la puerta de entrada. Me condujo a
su habitación a la vez que comentaba
sobre el partido de fútbol que
jugó el día anterior, y
de esa manera trataba de simular un encuentro
común entre el docente y su alumno.
Pero una vez dentro del cuarto y sentados
encima de su cama, agarró mi mano
y la puso sobre el cierre de su pantalón
para que yo se lo sobara de nuevo, me
percaté que estaba al palo. En
tanto, me comenzó a besar con hartos
lenguazos que transmitían mucha
pasión.
Felizmente
ya sabía besar y pude corresponderle
con la misma o quizás más
intensidad que él me daba. En seguida
me mostró sus jugosos 20 cm. de
verga con la cabezota colorada y yo me
lancé a succionarlo como loco,
inclusive me llevaba sus huevos a la boca
y los sacaba bañados en saliva.
Me sentí halagado al saber- como
lo hizo notar -que yo se lo mamaba muchísimo
mejor que su esposa pues a veces ella
ni siquiera tenía ganas de besar
ese increíble pene.
Se
quitó toda la ropa y me desvistió
sensualmente mientras mordía mis
tetillas. Y después que hicimos
la 69, el biólogo me volteó
para hacerme el beso negro. ¡Uy,
qué rico! Era la primera vez que
me lo hacían así de esa
forma tan excitante y placentera, era
un trome el biólogo. Se puso un
condón que guardaba en el bolsillo
de su pantalón e intentó
penetrarme, pero como yo soy muy estrecho
tuvo que sacar del cajón de la
cómoda un frasco de lubricante,
me lo untó en el ano y él
también se echó un poco
en la punta de su pinga que estaba a punto
de reventar de excitación. De a
poquitos me fui dilatando hasta que entró
toda su pieza carnosa que me provocó
un dolor horrible, sin embargo, esa molestia
fue convirtiéndose en algo muy
placentero. Él se movía
con tal destreza que me impactó
desde el inicio y probamos todas las poses
que se nos venía a la mente.
Estuvimos gozando un buen ratazo. Me la
metía fuertemente una y otra vez
sin parar. Podía
sentir como todo mi cuerpo se estremecía
de placer. Su enorme pene se deslizaba
intensamente por mis nalgas. Sus gemidos
de placer me excitaban cada vez más.
Eran sensaciones indescriptibles. Luego
de un buen largo tiempo totalmente excitado,
me hizo saber que deseaba venirse todito.
Se quitó el condón y botó
a chorros abundante leche, calientita
y pegajosa, que me cayó en la cara.
Me fascinó. Estando sentado sobre
él, fue mi turno de eyacular en
su abdomen y un poco de semen le llegó
hasta el cabello. Lo saboreó como
si se tratase de auténtica leche.
Para quedar bien limpios nos metimos a
la ducha y eliminamos cualquier rastro
que pueda evidenciar lo que disfrutamos
esa tarde. Por supuesto que no resistí
las ganas de chupársela una vez
más y el agua que caía se
combinó con nuevos chorros de leche
sobre mi rostro. Me despedí con
un beso intenso y quedamos que en la semana
próxima habría otra sesión
de sexo.
Se
repitió en varias ocasiones hasta
que una noche estando desnudos bajo la
delicada sábana de ese hostal,
el biólogo me suplicó que
lo perdonara pues ya no debíamos
seguir con lo nuestro, que de repente
en una de esas nos descubrían y
sería muy grave para ambos. Además
me informó que los problemas con
su novia ya estaban arreglados y pensaba
casarse. No me atreví a reclamarle
nada. Me puse de pie vistiéndome
y cuando iba a dar media vuelta para irme,
él me sujetó de la quijada
y depositó un beso definitivo como
despedida. Fue muy tierno pero triste
también, pues de veras que lo sucedido
con él no podría prosperar
hacia algo formal, sobre todo por la diferencia
de edades.
La relación alumno-docente ahora
se mantiene normal. Atrás quedaron
aquellos días de clase que me resultaba
insoportable estar cerca de él.
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