| BAREBACK: EL SEXO EN LOS TIEMPOS MODERNOS
En los últimos tiempos, las comunidades gays y bisexuales de todo el mundo, así como los hombres que tienen sexo con otros hombres sin identidad homo o bisexual (denominados HSH desde la terminología epidemiológica del VIH/sida), están practicando una serie de actividades sexuales muy variadas.
Dichas prácticas van desde el sexo sadomasoquista y de dominación, pasando por el sexo grupal y virtual, hasta el bareback y el serosorting. Estas últimas dos han llamado la atención de académicos, activistas, periodistas y algunos Estados, pues tienen directa relación con las campañas y programas de prevención y atención en VIH/sida.
Lo primero es aclarar qué significa cada uno de estos términos. Bareback (bareback sex, baresex o barebacking) es el sexo anal penetrativo sin preservativo, practicado de forma intencional y premeditada. La palabra se compone del término inglés “bare”, que significa “desnudo” o “al descubierto”, y de “back” que significa “espalda” o “parte trasera”.
Según el psicólogo Rafael Madrid, el bareback es distinto al hecho de no usar el condón por descuido, negligencia o porque “la pasión gana”, y algunos de quienes lo practican prefieren usar el término “raw”, que significa “a pelo” o “al natural”.
Si se asume como estilo de vida, puede estar asociado al consumo de drogas para desinhibirse en el acto sexual y a una negativa rotunda sobre las formas de prevenir la infección por VIH.
Serosorting es escoger a las parejas sexuales por su estatus de VIH (positivo o negativo), que sus practicantes determinan a partir de la propia evaluación que hacen sobre la apariencia física de su pareja, por lo que le han dicho de ella otras personas y preguntándole directamente sobre su estado serológico..
De esta forma, quienes tienen VIH sólo tienen relaciones sexuales con VIH positivos y quienes no lo tienen sólo lo hacen con seronegativos. La intención es establecer un vínculo sexual diferenciado para tener relaciones sexuales no protegidas.
Es allí donde el serosorting y el bareback se juntan.
Los que están a favor:
Las posiciones a favor del bareback son varias, por ejemplo que en una relación estable el no usar preservativo permite un acercamiento afectivo con el compañero y expresa confianza mutua, además de que dar y/o recibir semen es percibido psicológicamente por algunos como algo necesario y profundo.
Otra poderosa razón es la importancia y necesidad de sentir el cuerpo como propio y en sintonía con sus sensaciones y placeres, no como un objeto en el que instrumentan políticas públicas de salud. Es una especie de militancia de la autonomía del cuerpo desde la resistencia.
Algunos argumentan que el bareback satisface el deseo de sentir peligro y riesgo, incluso como parte de un estilo de vida que les produce placer. Otros lo hacen para cumplir la fantasía de seroconvertirse a VIH positivo o por la sola pretensión de detener el “cansancio” del cuidado crónico (fatiga al condón le llaman algunos).
Finalmente, existe el sentido de pertenencia a una comunidad (la de los barebakers), que ha sido invocado como defensa de esta práctica sexual.
Sin embargo, el bareback constituye un riesgo para la continuidad de las infecciones por VIH y un reto para las campañas en salud que deberían incorporar las necesidades sociales y culturales de las comunidades implicadas.
Los que están en contra:
Los detractores del bareback afirman que la fidelidad mutua, pese a los pactos, muchas veces no se cumple y termina siendo una fantasía. Arguyen que el deseo de proteger a la pareja usando condón también constituye un vínculo emocional, y consideran que el deseo de ser VIH positivo constituye un desajuste psicológico.
Aseguran que uno puede desarrollar sentido de pertenencia a comunidades más seguras para la salud; y destacan que el bareback retroalimenta la homofobia y la bifobia, pues desvaloriza el propio yo en tanto se es gay o bisexual.
“La Reducción de Daño” es un enfoque de la Salud Pública que se ha pretendido aplicar al bareback y que en esencia sostiene que las prohibiciones absolutas no sirven para controlar los comportamientos o estilos de vida riesgosos.
En el caso del bareback se recomienda reducir el número de parejas sexuales, practicar el serosorting, tener una posición estratégica en la relación sexual, sacar el pene antes de la eyaculación, etcétera. Estas conductas no eliminan el riesgo de una infección, pero lo reducen para quien opte por este estilo de vida.
Sin embargo, no hay garantía de evitar la infección pues el número de parejas sexuales es relativo (uno se puede infectar en una sola relación). Aunque la persona no eyacule dentro, igual existe contacto entre fluidos y ello constituyen una posible de “puerta de ingreso" al VIH.
En cuanto al serosorting, quienes sostienen su pertinencia destacan que controla la transmisión del VIH/sida, pero la evidencia reportada por estudios sugiere que no es funcional a ese propósito, pues las personas pueden mentir sobre su estado serológico, ya sea por miedo al rechazo o porque no les interesa que su estado de salud sea conocido para asegurar un encuentro sexual
También está el caso que una persona crea no tener VIH o refiera un diagnóstico negativo (incluso enseñándolo) en función de su última prueba de ELISA, pero en realidad tiene el virus. Y es que pudieron hacerse el examen durante el “periodo de ventana”, momento en el que el cuerpo aún no ha generado los anticuerpos al VIH y no puede ser detectado en las pruebas.
En este tiempo las personas tienen una alta concentración de virus (carga viral), lo que hace más probable la infección. Se ha determinado que el riesgo de infección es mayor en relaciones sexuales con alguien que creía estar negativo (pero no le estaba) que si tiene sexo con una persona seropositiva con un tratamiento antiretroviral exitoso
Además, si se es portador de VIH y se practica el serosorting existe la posibilidad de reinfección, es decir, de elevar la carga viral o adquirir una nueva cepa de virus, lo que termina por generar resistencia a los medicamentos.
Otra de las grandes críticas al serosorting es la discriminación que genera dentro de las poblaciones homo/bisexuales y de HSH, ya que constituye un mecanismo de “limpieza social” de estos sujetos “indeseables” (incluso sexualmente), aplicado por parte de quienes se consideran “limpios”.
La conclusión:
No se pretende en este artículo desacreditar el bareback y el serosorting. Las personas que lo practican pueden tener cada una sus propias razones. En los únicos casos en los que me pronuncio en contra es cuando la homo/bifobia está sobre la base de la práctica del bareback y la discriminación, y la idea de limpieza social estar asociada al serosorting.
¿Quiénes somos para juzgar y regular los deseos, emociones y fantasías de los demás en tanto estos no atenten contra los derechos de nadie? Creo que el principal razonamiento que nos debe orientar es ayudar a formar personas autónomas, libres, con capacidad de decidir sobre sus propias vidas y cuerpos.
La autonomía es posible si existen las capacidades y condiciones necesarias. Pero no todas las personas parten de las mismas capacidades para ejercer su autonomía, la cual se logrará sólo si los individuos se apropian de sí mismos y de su realidad. Es a partir de tal apropiación que pueden transformar su contexto según sus deseos, aspiraciones y convicciones.
Por otro lado, las condiciones son los componentes necesarios para tener una verdadera autonomía. En el campo de los derechos sexuales éstas son los servicios y las garantías jurídicas. En ambos casos la información es un componente indispensable, pues permite tomar las mejores decisiones a los sujetos.
Jurídicamente, desde el campo de los derechos humanos, la autonomía está contenida en los derechos a la libertad y a la dignidad. La libertad implica que no se puede obligar a alguien a hacer algo que no desea. La dignidad es el valor que cada uno tiene por poseer la condición de ser humano.
Por ello, considero que si las prácticas del bareback y el serosorting están enmarcadas en un contexto en donde las personas pueden decidir autónomamente sobre ellas, sólo nos queda respetarlas.
Saber si una decisión es autónoma o no es complicado y constituye un análisis de cada caso individual y singular. Trabajar por el derecho a la salud no significa imponer u obligar a cumplir un determinado modelo o estilo de vida.
Sólo nos queda seguir trabajando para convencer a las personas y comunidades a que tomen las mejores decisiones para su salud individual y colectiva, mental, física y social, sexual y reproductiva.
Fuente: Homópolis
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